Imbatible ante el tiempo: Crimen y castigo de Fiodor Dostoievski

Imbatible ante el tiempo: Crimen y castigo de Fiodor Dostoievski

Luis Rivera[1]

En la tradición de las grandes novelas de la literatura universal, Crimen y castigo (Porrúa, 2012, Cuantos leen...) https://porrua.mx/crimen-y-castigo-9789700770024.html guarda un lugar imperial en la historia del género. Su carácter corrosivo e imponente vio la luz primera en 1866, a través de periódicas entregas en la revista El mensajero ruso por parte de su autor, Fiódor Dostoievski, y como medio para obtener recursos debido a sus múltiples deudas heredadas principalmente de su gusto por el juego. Rodeada de intrigas, cuestionamientos éticos y reflexiones morales, ha logrado permanecer gracias a su extraordinaria capacidad para exponer las complejas entrañas de la naturaleza humana, adentrándose en el remolino de sus pensamientos, anhelos y dilemas más profundos; algo así como un tratado en contra de la razón utilitaria y sus fundamentalismos degradantes de la libertad y espíritu humano.

Como se sabe, Crimen y castigo aborda las tribulaciones existenciales del joven Rodión Raskolnikov, ex alumno de leyes venido a menos por los problemas financieros, y sobre quien pesa la infame acción de un doble asesinato. Justificado en principio por sus disertaciones sobre la justicia del hombre superior, terminará apresado por la culpa y el remordimiento, confesando sus crímenes para luego ser castigado en el inclemente frío siberiano, con posibilidades de redención y una nueva vida en el futuro. No obstante, en el camino de Raskolnikov hacia el precipicio, figuran personajes trascendentales como Dunia, la hermana humilde y modesta con disposición al sacrificio en favor de la familia; Pulkeria Alexandrovna, madre abnegada, comprensiva e incondicionalmente afectiva; Sonia Marmeladov, símbolo de pureza amorosa, el amigo y confidente Razumikhin, servicial e indulgente, aunque irascible por momentos. También, aparecen seres de ralea cuestionable como Pedro Petrovich o Svidrigailov, ambos con aspiraciones egoístas, ambiciosos en su afán de poder y sometimiento, buscando siempre el beneficio particular por encima de la tragedia ajena. 

Si bien, la recepción positiva de la obra brindó un mayor prestigio al nombre del autor ruso, es importante recordar algunos pasajes de su historia personal, con el objetivo de rastrear cierta fuente de inspiración y motivación narrativa para llevarla a cabo. La principal, pienso, tiene relación con el encarcelamiento en sus años de juventud a raíz de sus ideas revolucionarias y propias del ambiente de aquellos años por toda Europa. Condenado a cuatro años de trabajos forzados en un penal de Tobolsk, descubre a fondo el alma de delincuentes y criminales (Svidrigailov, por ejemplo), provocándole una transformación en todos sentidos que lo hará renunciar a los ideales occidentales y abrazar la ortodoxia eslavófila junto a sus tradiciones. Lo más interesante de esta experiencia, son las reflexiones éticas extraídas al encontrarse con seres sin ningún asomo de arrepentimiento ante sus fechorías, pero con cualidades morales manifestadas en ocasiones, tales como el afecto, el valor o la generosidad, esbozando una frontera muy delgada entre el bien y el mal humano. 

Además, existe una mirada histórica y social representada en la novela de suma importancia en su develación para el propio Dostoievski. Aunque en la narración apenas se divisan ciertas estampas del “hediondo” San Petersburgo decimonónico, son sus personajes y acciones los que ponen de relieve problemáticas tales como el alcoholismo, las enfermedades mentales, los matrimonios convenidos, el rol de las mujeres, las clases sociales, las brechas económicas y los atrasos materiales en todos sentidos, por mencionar sólo algunos. Es evidente que, si bien no cumple a formalidad con las premisas de una novela histórica, se percibe cierto grado de compromiso con la época, haciendo que lectores de distintas partes reconstruyan en sus cabezas el sentir y las emociones de una nación tan enigmática como la Rusia de aquellos tiempos.

Para concluir, sólo resta invitar a sumergirse entre sus diálogos cargados de tensión y pulcritud, los vertiginosos clímax narrativos al término de cada capítulo, la minuciosidad para consolidar la profundidad psicológica de personajes y situaciones ambiguas, entre otras tantas observaciones. Como todo clásico, se erige imbatible ante el tiempo y las nuevas tendencias de la industria cultural que buscan, por momentos, olvidar su actualidad en términos literarios. Sería grandioso, en los albores del nuevo siglo, preservar el entusiasmo por su lectura al menos otros ciento cincuenta años más.    

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[1] Sociólogo. Pasante de maestría en lenguas portuguesas y especialista en literatura mexicana del S. XX.

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