Detalle


"El país de las pieles"

Autor: Verne, Julio

Editorial: ED PORRUA (MEXICO)

Edición: 1, 1987

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Resumen:

Al extremo del mar de Bering, en la última de las Aleutienas, la isla Blejinic, era donde todo el personal del Fuerte Esperanza había tomado tierra, después de haber recorrido más de mil ochocientas millas desde la dispersión o desmoche de los hielos. Unos pescadores que acudieron en su auxilio acogieron hospitalariamente a los náufragos. No tardaron el teniente Hobson y su gente en ponerse en relación con los agentes ingleses del continente que pertenecían a la Compañía Hudson. Después de nuestra detallada narración, es inútil ponderar el valor de todos aquellos valientes, muy dignos de su jefe, y la energía que habían mostrado durante aquella larga serie de sufrimientos. No les había faltado corazón ni a los hombres ni a las mujeres, a quienes la valiente Paulina había siempre dado ejemplo de entereza en la desgracia y de resignación ante las voluntades del cielo. Todos habían luchado hasta el fin, sin permitir que la desesperación los abatiese aun en los momentos de ver el continente, sobre el cual había fundado el Fuerte Esperanza, convertirse en isla, la isla en islote, el islote en carámbano, ni aun cuando este carámbano se derretía bajo la doble acción de los rayos solares y de las aguas cálidas. Si el proyecto de la compañía tenía que emprenderse de nuevo; si el nuevo fuerte había perecido, nadie podía culpar a Jasper Hobson ni a sus compañeros, que habían estado sometidos a eventualidades inaccesibles a toda previsión humana. Como quiera que sea, de las diecinueve personas confiadas al teniente ni una sola faltaba, y antes bien la colonia se había.aumentado con dos individuos, la joven Kaiumah y el niño del carpintero Mack Nap, ahijado de mistress Paulina Barnett. Seis días después de la salvación, los náufragos llegaban a Nueva Arkángel, capital de la América rusa. Allí, todos aquellos amigos, tan estrechamente unidos por el peligro común, iban a separarse para siempre quizá. Jasper Hobson y los suyos tenían que dirigirse al Fuerte Confianza atravesando los territorios de la Compañía, mientras que mistress Paulina Barnett, Kalumah, que no quería ya separarse de ella, Madge y Tomás Black pensaban regresar a Europa por San Francisco y los Estados Unidos. Pero antes de separarse, el teniente Hobson, delante de todos sus compañeros reunidos, con voz conmovida, habló en estos términos a la viajera: ¡Señora, bendita seáis por todo el bien que habéis derramado entre nosotros! ¡Habéis sido nuestra fe, nuestro consuelo, el alma de nuestro pequeño mundo! ¡Os doy gracias en nombre de todos! Tres hurras se dieron en honor de mistress Paulina Barnett. Después cada uno de los soldados quiso estrechar la mano de la valerosa viajera, y cada una de las mujeres la abrazó con tierna efusión. En cuanto al teniente Hobson, que había concebido sincero afecto hacia mistress Paulina. Barnett, le dio, con el corazón afligido, el último apretón de manos diciéndole: -¿Será posible que no nos volvamos a ver algún día? -¡No, Jasper Hobson, no será posible que dejemos de vernos! y si no vais a Europa, yo seré la que vendré a veros aquí... aquí, o en la nueva factoría que fundaréis algún día... En aquel momento, Tomás Black, que había recobrado el habla después de pisar la tierra firme, se adelantó diciendo con el tono más convencido del mundo: -¡Sí, volveremos a vernos... dentro de treinta y seis años! Amigos míos, se me ha escapado el eclipse de 1860, pero no faltaré al que ha de reproducirse con iguales condiciones y en el mismo sitio en 1896. Dentro de treinta y seis años, a vos, señora mía, y a vos, animoso teniente, os doy cita para los límites del mar Glacial.

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