Soledad, muerte y pesimismo en El hombre mal vestido de Guillermo Fadanelli

Soledad, muerte y pesimismo en El hombre mal vestido de Guillermo Fadanelli

Luis Rivera[1]

Resulta imposible, al momento de establecer un recuento sobre los escritores mexicanos más destacados de nuestro presente, ignorar la presencia “terrible” y provocadora de Guillermo Fadanelli. Su imaginación desbordante y estilo autodidacta cabalga entre disertaciones y diatribas sobre la ciudad, el descarrío personal y la deploración de la especie, expuestos en títulos imprescindibles como Lodo, Educar a los topos (Anagrama/Almadía), Mis mujeres muertas (Grijalbo), Hotel DF (Mondadori), Al final del periférico (Random House) y Fandelli (Cal y Arena), por recordar sólo unos cuantos.

Desde sus primeras apariciones en el ya extinto suplemento Sábado del periódico Unomásuno, Fadanelli ha consolidado una crítica lúcida y oportuna sobre el arte, la política o literatura. Aficionado a la filosofía, su labor ensayística y narrativa abreva de las influencias que figuras tan significativas como Joseph Roth, Saul Bellow o Cioran han dejado entre sus lecturas más profundas.  Su temperamento asceta y desproporcionado de auto elogios no ha impedido generar vasos comunicantes con todo tipo de grupos. Es ésta, quizá, la mejor de sus virtudes: una obra permanentemente abierta, dialéctica y reflexiva siempre a la búsqueda de un lugar habitable en el universo del lenguaje.    

En su más reciente libro, El hombre mal vestido (Almadía, 2020), Fadanelli traza una culpabilidad ontológica recaída en Esteban Arévalo, personaje sórdido y marginal ocupado en vagar cotidianamente por las calles del barrio de Tacubaya. Su mayor deseo, al parecer, lo motiva la aparición de su prima Ángela Benavente, protectora y amante con la virtud de aterrizarlo, por momentos, a suelo firme. Las particularidades de su vestimenta, pensamientos y acciones lo convierten en el blanco central de la sospecha a medida que el crimen y la muerte recorren la novela, sin lograr desbalancear las tribulaciones sobre su peculiar visión del mundo. Al final, el azar y otras circunstancias serán causantes de su desenlace, no sin antes quebrar cualquier expectativa anticipada sobre su persona.

Existen, además, otra serie de actores trascendentales en la travesía anacoreta de Arévalo. Así, Gloria y el Tarántula son dos mancebos regocijados en el placer de las sustancias, marginados a causa de una sociedad violenta y despiadada, en donde la nada es el único futuro posible de alcanzar. Ellos, con su nociva juventud, intentarán aproximarse al misterio de su figura, desconociendo los límites del peligro hasta un punto sin retorno. Los impulsos destructivos de su curiosidad marcarán la pauta de sus encuentros con Esteban, aumentando el deseo de venganza de un pasado traumático resuelto simbólicamente hasta el final de la historia.         

También, se encuentra Blaise Rodríguez, narrador central de la trama y repentino aliado de Arévalo, encomendado para descifrar el rompecabezas alojado en la mente de su amigo. Para Rodríguez, los pasos del hombre mal vestido suponen un interés extravagante y peligroso, excusa inmejorable para librarse del hastío inmerso en su vida. Gracias a su pluma, el testimonio de un fantasma adquiere presencia, ayudado por el dinámico juego de voces entablado entre ambos. Las obsesiones de Blaise adquieren, por ende, la misión de recrear lo sucedido, sin omitir las falencias y tropiezos en el intento. Sus palabras resuenan como el eco principal del desencanto y su fatalidad inexorable.     

En suma, el hombre mal vestido confirma la inteligencia magistral de Fadanelli para entregarnos ficciones basadas en la reflexión y los cuestionamientos puntillosos sobre el insulso entorno de nuestra era, careciendo de absolutismos que obnubilen el buen juicio de los lectores atentos. Alejado de oficialismos y modas literarias, sus personajes beligerantes, atrapados en la soledad o el pesimismo, representan la memoria de una generación sin héroes, acostumbrada al fracaso existencial sin lamentaciones profundas. Cuando se tiene entre manos alguno de sus libros, resulta difícil no salir con serias afectaciones después de su lectura.  

 

[1] Sociólogo por la Universidad Autónoma Metropolitana, unidad Xochimilco, y maestro en Letras Modernas (portuguesas) por la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Ha publicado cuento y colabora con el área editorial de Grupo Porrúa.

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