Literatura, el viaje hacia los mundos posibles

Literatura, el viaje hacia los mundos posibles

Por Jimena Flores [1]

El viaje empieza en una biblioteca, o en una librería, dice Michael Onfray en su libro Teoría del Viaje, y continúa:

De manera misteriosa, prosigue allí, con la claridad de esas razones que ya antes se esconden en el cuerpo. Al comienzo del nomadismo, por tanto, nos encontramos con el sedentarismo de las estanterías y de las salas de lectura, incluso del domicilio en el que se acumulan las obras, los atlas, las novelas, los poemas y todos los libros que, de cerca o de lejos, a la formulación, a la realización, a la concretización de la elección de un destino.

Sobre esta base, se puede afirmar que la relación entre el viaje y la literatura constituye una tendencia creciente, consecuente con las transformaciones socioculturales, que han propiciado el fomento del ocio, la inclusión, la multiculturalidad y el rechazo a las prácticas de estandarización global.

La literatura siempre ha sido considerada como una de las máximas expresiones artísticas del ser humano, y no hay duda de que ha inspirado viajes desde hace mucho tiempo. Por ejemplo, Marco Polo, quien decidió plasmar sus experiencias de viaje en un diario, se convirtió en un antiguo promotor de viajes a través de sus escritos.

Los viajes en la literatura son el resultado de una diada, en el cual encontramos la fascinación en relatos sobre viajes, lugares, culturas y más. De ahí, ha surgido un nuevo segmento para los lectores que promueve viajes culturales. Es decir, el turismo cultural en su modalidad Turismo Literario, que en los últimos años ha tenido un auge importante en países con gran interés por el arte y la cultura, con un acervo literario ámplio, que apuestan por este modelo innovador que trata de promover el turismo cultural, que tiene cada vez mayor relevancia para los asiduos a la literatura.

Este turismo promueve la afluencia de viajeros a localidades que citan los autores en su obra. Por ejemplo, en Alemania es posible viajar por la ruta que inspiró a los hermanos Grimm escribir algunas de sus obras, y es llamada La Ruta de los Cuentos de Hadas . En Inglaterra, los viajeros también visitan los sitios y ciudades descritos en famosos poemas y novelas. Shakespeare conmemoró a la ciudad de Stratford, Inglaterra. Mientras que Abbotsford, Inglaterra, fue venerada por Sir Walter Scott. Por su parte, las hermanas Bronte fueron recordadas por su hogar en Haworth, Inglaterra.

En Argentina tienen el famoso Café Tortoni, el cual albergó a la peña literaria y artística de Buenos Aires, en donde también bebieron Borges, Cortázar y Bioy Casares. Francia no se queda atrás, en el cementerio del Père Lachaise de París es posible visitar la famosa tumba de Oscar Wilde, llena con los besos de muchos seguidores alrededor del mundo o, ¿qué tal si te das una vuelta por la casa de Víctor Hugo ?

Pero no vayamos tan lejos y tomemos el ejemplo de la caótica, pero querida Ciudad de México. Al escritor paisajista Rafael López Velarde, lo inspraron sus caminatas interminables sobre la calle Madero para escribir poesía. O el saludo amistoso que le regaló Efraín Huerta a tan bella figura que se alza sobre Paseo de la Reforma, con su poema Buenos días, Diana Cazadora. 

No se puede dejar de mencionar a José Emilio Pacheco y Las Batallas en el Desierto (1981) https://bit.ly/3oOjGac , novela con la que hizo notar que la Ciudad de México es más que la avenida Paseo de la Reforma y nos llevó de la mano por las calles de la colonia Roma; además, nos recuerda cómo eran las escuelas y las calles de la ciudad hace más de medio siglo. También Carlos Fuentes hizo lo suyo en La Región más Transparente (1958) https://bit.ly/2LqeX0h, libro que podemos considerar como un texto que nos acerca a la mexicanidad, mostrándonos también la complejidad con la que ha sido construida la ciudad desde que se fundó.

También los extranjeros han tenido una gran participación al mencionar a la Ciudad de México en sus obras, tal es el caso del chileno Roberto Bolaño con Los Detectives Salvajes (1998) https://bit.ly/3so8XWh que, aunque no tiene de protagonista a la ciudad, nos conduce por las calles escondidas de las colonias Guerrero, Condesa y Roma. O simplemente podemos pasar las horas en el famoso Café La Habana, ubicado en el número 62 de la calle Morelos, lugar que Bolaño, junto con otros personajes de la cultura, ocupa como sitio para compartir y planear sus historias.

En la novela Tristessa (1960) https://bit.ly/3spopS0, de Jack Kerouac, la ciudad es la protagonista auténtica, descrita en su lado más sombrío: cuartos de azotea, tugurios y vecindades. La Ciudad de México es un monstruo que vive en sus habitantes y no al revés, como suele suceder.

Nadie vive una calle de la misma forma, cada habitante o visitante cumple su propia e intransferible aventura, y a través de esta diferente forma de hacer turismo, la fachada de ese edificio que se ha mirado toda la vida revelará su rostro como si nunca hubiera estado ahí. ¿Quién no querría comprobar lo descrito en aquellos poemas y relatos acerca de un lugar? O ¿cómo negar la emoción que podríamos experimentar en los lugares que fueron importantes para nuestros escritores favoritos? La literatura es capaz de generar sensaciones y sentimientos únicos para el lector, que lo invitarán a comprobar lo que su imaginación y curiosidad alcanzaron.

Cruzando los límites entre la literatura y los estudios culturales, el Turismo Literario invita a los lectores a hacer que las experiencias ficticias cobren vida. Este tipo de turismo permite a los viajeros sumergirse en la cultura local, al tiempo que aumentan sus conocimientos sobre libros y escritores.

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[1] Egresada del Instituto Politécnico Nacional, ha participado en eventos culturales realizados por la Alcaldía Iztapalapa. Actualmente colabora en la gerencia de Mercadotecnia de Grupo Porrúa.

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